miércoles, 31 de octubre de 2018

Integración terapéutica

Si recapacitamos acerca de cuál es el sentido real y último de la terapia, nos podemos dar cuenta de que la verdadera curación realmente se produce en el proceso de integración. Inconscientemente buscamos reconocer, asumir, aceptar y reunir los fragmentos, las partes de “nosotros mismos” de las que nos hemos desconectado o hemos rechazado; sin saberlo ni decidirlo buscamos ser íntegros, enteros.
Este acto inconsciente toma forma en nuestra vida cotidiana con todas las acciones que se abocan a la posesión; el adquirir cosas, riquezas, comida, conquistar territorios, personas, amores. Toda la ambición existente en este orden es la simbolización de la búsqueda del ser humano en su intento de llenarse, de completarse. Es la búsqueda inconsciente de la plenitud. En nuestra condición de seres humanos vivimos divididos, fragmentados y a esa fragmentación y la fricción que se crea entre las partes la llamamos enfermedad.
NIVELES DE FRAGMENTACIÓN
Quizá sea la forma en la que se ha desarrollado el sistema nervioso y la manera como se procesa el pensamiento y la razón lo que nos lleva a experimentar tan profundamente la sensación de individualidad y de separación entre el individuo y su entorno. Ya no nos sentimos parte de la naturaleza ni del universo que nos rodea porque nos vivimos como entes separados, seres individuales en un entorno ajeno, extraño y hostil: Éste es el primer nivel de fragmentación.
El desarraigo que esto provoca nos hace sentir desvalidos, desconectados y temerosos. Tenemos miedo y la reacción natural a este sentimiento es la de protegernos, acorazarnos, fortaleciendo aún más la propia sensación de separación. Ya sabemos algo acerca de la falta de cohesión entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos.
En general nuestro sistema nervioso no funciona de manera unificada. Cada una de sus partes pulsa de una forma y parece que impone sus prioridades sin contar con el resto: muchas veces la parte más racional inhibe o ignora las emociones, en algunas otras personas la emociones y sentimientos imperan sobre la razón y en otras los impulsos primarios, o bien son reprimidos en nombre del civismo y la educación, o bien toman el mando abocando a la persona a exacerbar el instinto de supervivencia, el temor o la violencia..
Raramente el sistema nervioso funciona de manera armónica e integrada. Enajenamos partes en el ámbito psicológico, el orgánico o las memorias somáticas. De manera que ahí nos encontramos otro nivel de fragmentación, dentro de “nosotros mismos”. Se podría decir que son los distintos “cuerpos” que componen la totalidad de una individualidad. Cuerpo-mente se contemplan como separados y también la mente en sí no funciona de manera integrada.
Más allá de esto nos encontramos con órganos, sistemas y estructuras que también se interrelacionan unos con otros. Nada está aislado, cada elemento del organismo se relaciona directamente con sus elementos vecinos y a la vez, ambos pertenecen a algo mayor … y así sucesivamente.
La “sensación” de separación de nuestro organismo del entorno y también la separación dentro de nosotros mismos genera estrés, tensión. Parece que estas partes separadas necesitan protegerse unas de otras porque no se sienten formando parte de una unidad, no están integradas, y todo esto aboca a la disfunción.
CUERPO HOLÍSTICO
La terapia, en realidad nos invita a suavizar la fricción en estas relaciones escindidas y en el conflicto de una estructura con otra, de un órgano con otro, de las distintas partes dentro del organismo. Muchas terapias, con mayor o menor conciencia de ello, van a incidir sobre este aspecto, suavizando la fricción entre las partes y armonizando sus relaciones. Eso sí, cada una actúa en un grado o nivel : unas facilitarán la relación entre el húmero y la escápula, otras ayudarán a que un órgano desvitalizado se integre funcionalmente dentro de su sistema y otras incidirán sobre la gestión entre la vida emocional y la razón…. Este estado fraccionado no es real. La contracción y el endurecimiento que se genera como respuesta al estrés es lo que crea estas barreras, esta separación.
Cuando se proporcionan las condiciones adecuadas donde el organismo ya no tiene que protegerse, aflora la oportunidad de soltar las corazas que generan la separación, permitiéndole cierto grado de descompresión.
Esta descompresión, a nivel orgánico, se traducirá en una mejor inervación nerviosa, en mayor afluencia de nutrientes y oxígeno a las células, en un mejor drenaje de residuos… En definitiva, en un mejor metabolismo y funcionalidad de los tejidos. La cohesión entre los distintos sistemas orgánicos aportará un mayor grado de integración corporal. También la relación cuerpo-mente entrarán en un estado de coherencia e integración.
Cuando el cuerpo se descomprime, el sistema entra en un estado de relación unificado, el organismo se abandona en la red energética que lo contiene y al diluirse sus fronteras se establece una relación más fluida entre las partes y tiene la oportunidad de reorganizarse. Este es el estado que conforma el cuerpo energético. En biodinámica lo llamamos “cuerpo holístico”.
“EN CASA”. MAREA LARGA
El siguiente grado de integración y de sanación es la conexión con la naturaleza. No se trata exactamente de ir al campo para disfrutar de los árboles, el aire libre, el agua del manantial y demás elementos -que también es un buen recurso-, sino la “conciencia”, y más que la conciencia en el sentido de darnos cuenta, la vivencia de sentirse eso, sentir que formamos parte de ella, pero no una parte pequeña, sino que somos la naturaleza misma, el cosmos, o si le queremos llamar, el espíritu. La permeabilidad con ese cuerpo mayor que somos es realmente lo que nos nutre, nos sostiene, nos aporta confianza, seguridad y todo lo que podemos esperar como seres vivos, encarnados, porque ese es nuestro verdadero cuerpo.
Ese es el “estar en casa” donde toda necesidad está cubierta. Así conectamos con que el individuo que creemos ser no funciona separado de ese “gran cuerpo que es”, Y seguramente “eso” no está tan lejos, quizá puntualmente vivimos sin “darnos cuenta” esa conexión. Para algunos quizá sea en entornos naturales donde por momentos no necesita protegerse.
El entorno “hostil” en el que se ha convertido la cotidianidad se desvanece y entra en conexión con ese espacio que le es propio, con el que actúa sincrónicamente, con esa sensación de no estar separado de lo demás, de que algo grande organiza todo. Sin la intervención de la voluntad y sin ninguna práctica para lograrlo uno se encuentra por segundos o minutos descomprimido, pulsando con el entorno, sumergido en ese cuerpo mayor que es el verdadero hogar. A esta conexión tan “natural”, en biodinámica la llamamos cuerpo de Marea o Marea Larga.
Aquí el organismo sintoniza con ese orden mayor al que pertenece y en este estado aflora la cualidad intrínseca de autorregularse, de armonizarse consigo mismo y con el entorno al que pertenece, que Es.
Por eso la aproximación biodinámica de la terapia Craneosacral es tan fascinante, porque realmente se orienta a esa plena integración, aporta el terreno y las condiciones para que esto pueda suceder.
Facilita acceder a un mayor grado de organización y así poder permitirnos vivenciar o experimentar un estado en el que nos sentimos más unificados, podemos llegar a sentir al fin que no estamos divididos, que todas las estructuras de nuestro cuerpo funcionan al unísono, que están coordinadas, y no sólo eso, sino que podemos llegar a experimentar que nuestro organismo no está separado del “entorno” sino que también funciona al unísono con él.
Rafael Martiz.

martes, 30 de octubre de 2018

La crisis terapéutica





Para hablar de que es una crisis curativa tendríamos que mirar primero algunos de los conceptos acerca de lo que entendemos que es “estar enfermos”.
Asociamos el estar sanos a sentir un bienestar físico y psíquico, estar con un tono energético alto, tener un estado mental y emocional óptimo, o en su defecto no sentir nada.
Creemos que tener determinados síntomas molestos o desagradables es porque algo malo le está pasando al cuerpo, porque estamos enfermos, y esto consideramos que es algo que está fuera de la normalidad y hay que cortarlo de alguna manera.

Diariamente vivimos circunstancias de diversa índole que en mayor o menor medida nos suponen un reto, el “mantener el tipo” en nuestras relaciones (con la familia, en el trabajo, …), la adaptación al clima, los factores irritantes de la alimentación, la contaminación en todas sus formas, el estrés que vivimos al afrontar nuestra cotidianidad, etc.

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Todas estas situaciones a las que hacemos frente nos generan una fricción interna, una irritación o la tensión derivada de haber sometido al organismo a algún tipo de desafío, a algún tipo de estrés, aunque sea positivo.


El organismo necesita dar una “respuesta” a las experiencias vividas como un proceso de reorganización interna y para su adaptación al medio.

La respuesta será diferente dependiendo del tipo de estímulo y área vital al que se dirige; puede ser una acción ante una demanda del medio como dar un salto cuando se nos aproxima un vehículo, puede ser una reacción emocional (de enfado, de tristeza, de miedo,…) que nos genera un hecho determinado, como la tristeza por la pérdida de una relación o la reacción de enfado ante una ofensa. 
También los resfriados cuando hay variaciones climáticas es una clara respuesta del cuerpo a una variable a la que precisa adaptarse, las reacciones corporales que ocurren cuando el cuerpo necesita desembarazarse de un tóxico, el vomito, la diarrea, la orina, los mocos, el sudor,… Todos ellos son procesos biológicos mediante los que el organismo procura mantener su equilibrio e integridad.




Así, parece ser que ciertos tipos de "enfermedades" tienen que ver con procesos que el cuerpo emprende para recobrar la salud.


Seguramente todos hemos tenido la experiencia en un momento u otro de haber vivido una situación de estrés ya sea puntual o de más larga duración y posteriormente cuando esta ha pasado y se ha relajado la tensión hemos padecido una una diarrea, un vomito, una gripe, una migraña (¡de fin de semana!) o algún otro malestar al que le podemos relacionar claramente con el resultado de la circunstancia vivida.
Así, el problema no está en el proceso que está ocurriendo en el momento, el problema ha sido anterior, los síntomas son el drenaje, la purga, la depuración que se realiza en los tejidos y órganos irritados, muchas veces ayudados por microbios que al contrario de ser los que provocan la enfermedad son los aliados que nos ayudan en la limpieza ayudando a liberar las toxinas y sustancias nocivas del organismo.
Si, después de la tormenta viene la calma, y cuando esta viene el organismo aprovecha para desintoxicarse, para restablecer su equilibrio vital.


De todas maneras y aunque seamos conscientes de ello, desafortunadamente nuestro ritmo de vida no nos permite tomarnos el tiempo para que el cuerpo se regenere. 

Ya sabemos lo fortalecidos que salimos después de unos días en cama con fiebre, cuidándonos, tomando comida ligera con caldos y zumos, pero no, eso no cabe dentro de nuestra forma de vida enfocada en el rendimiento y la productividad. Sabemos que nos va bien, nuestra propia naturaleza nos lo transmite, es lo que nos pide el cuerpo y lo que necesitamos hacer, pero esto solo se le permite a los niños.

El ritmo de vida de los adultos con sus responsabilidades y obligaciones fuerzan al organismo a estar siempre en un estado funcional. Para eso están los antibióticos, los analgésicos o los antiinflamatorios usados de manera compulsiva ante la emergencia de cualquier tipo de malestar.

El dicho de que los autónomos tienen una protección natural a las enfermedades no es así por supuesto, no se enferman porque no se lo pueden permitir. La responsabilidad para con su trabajo es tal que no pueden bajar la guardia, el sistema nervioso se mantiene activo, no se puede relajar por la preocupación y la percepción de un desafío constante.

Quizá al coger unas vacaciones, pueda descansar y al descender su grado de preocupación surja un resfriado, una gripe o algún tipo de proceso depurativo que permita que la salud aflore más plenamente.

Esto es, ¡“enfermar” para estar saludable, o mejor dicho depurar para estar saludable!


Desde antiguo es conocido por los médicos de familia y los de orientación naturista los llamados . La piel, las mucosas del sistema respiratorio, del tubo digestivo, las glándulas de secreción de sudor, sebáceas, de saliva, la formación de orina, y otras, son las vías naturales de eliminación de residuos que el cuerpo desecha.

Vemos que la propia naturaleza del organismo entra en estados de readaptación con los consecuentes síntomas asociados que derivan del proceso de eliminación de toxinas, tensión nerviosa y demás.

Y habiendo matizado una perspectiva diferente de lo que entendemos por estar enfermo, aunque al mismo tiempo muy contemplada en la medicina mas tradicional podemos hablar de lo que llamamos crisis terapéutica ó crisis curativa.

Una sesión de terapia como la Biodinámica Craneosacral en ocasiones proporciona una profunda e intensa reorganización interna, de manera que a veces se puede desencadenar sobre todo en la primeras sesiones la llamada crisis curativa que por sus desagradables manifestaciones la podemos considerar como un empeoramiento del estado de salud, cuando en realidad es una benéfica reacción del cuerpo que en su propia autorregulación se libera de lo que le sobra permitiendo que un mayor potencial de salud se manifieste.

El el trabajo de orientación Biodinámica donde no hay ningún tipo de intervención externa sino que lo que se hace es facilitar y acompañar al organismo en su propia capacidad de regulación interna resulta sorprendente y bienvenido este tipo de reacción que en si mismas son de poca duración, no mas de dos días e indican una inequívoca y positiva respuesta al tratamiento.

No quiero decir que las crisis terapéuticas sean una reacción necesaria tras una sesión, pero si después de una sesión de Biodinamica Craneosacral se tienen bostezos, una diarrea, incluso agujetas, o uno vomita, cosa que no es usual pero que podría pasar, no es un perjuicio todo lo contrario es una Hand out of waterbendición, es como si te hubieses comido algo que es nocivo para el cuerpo y este tiene la capacidad de expulsarlo.
También depende del tiempo que estás guardando algo su salida será más ligera o será más intensa
El organismo necesita dar respuesta a las experiencias vividas en su relación con el entorno para mantener el equilibrio vital y estas crisis son sus respuestas adaptativas.
Si has guardado un rencor va a tener que salir de alguna manera, el miedo enquistado, la tristeza y la depresión, la intoxicación alimentaria o medicamentosa, la tensión y estrés crónico.

Todo contenido orgánico que no es propio del organismo puede encontrar sus vías de eliminación al hacerse más presente la fuerza vital.

Rafael Martiz

miércoles, 3 de febrero de 2010

Tratamiento Craneosacral


La terapia Craneosacral es una “novedosa” terapia manual basada en la comprensión de los ritmos naturales que rigen los procesos de autorregulación del ser humano.
Todo organismo tiene una tendencia natural hacia la integridad y coherencia de sus funciones corporales. Ante cualquier herida, lesión o traumatismo la dinámica natural del organismo es reorganizarse para reestablecer el grado más optimo de funcionalidad que le sea posible.

El ser humano es un todo integrado, los procesos psicológicos están en reciproca influencia con la fisiología corporal. Uno de los objetivos de un tratamiento es restablecer la comunicación de una parte con el resto del organismo y viceversa.
Toda enfermedad entraña un grado de fricción, descoordinación o aislamiento de distintas relaciones; estas pueden ser de orden físico, como por ejemplo la conexión de un hueso con otro, un órgano con los vecinos, o de orden más global como la descompensación entre la actividad psicológica, los procesos emocionales y el cuerpo físico,…

Ante los síntomas de enfermedad o ausencia de salud el cuerpo ya sabe lo que tiene que hacer, el organismo posee una inteligencia natural que ha guiado su propio desarrollo desde que fue concebido y ese potencial continúa para mantenerlo en el estado más óptimo posible el resto de la vida.
Las tendencias de la propia impronta genética, determinadas experiencias vitales y otros factores condicionantes son factores de desgaste que se acumulan como memorias en nuestro cuerpo y nuestra psique mermando nuestra salud.
Cuando ciertas dinámicas del cuerpo o de la mente se desenvuelven de manera inarmónica con el resto produciéndonos ciertos síntomas o enfermedades, un apoyo “externo” es necesario para facilitar esa conexión o armonía entre las partes.
Aún en un estado de padecimiento o trastorno de salud existe en el organismo el potencial necesario para su propia reorganización y restablecimiento. La terapia Craneosacral nos facilita, proporciona y potencia los recursos necesarios para conectar con esa capacidad básica y esencial que el propio cuerpo tiene para curarse
La terapia Craneosacral no distingue entre los males psicológicos y las enfermedades físicas, el mismo proceso que sana el cuerpo cura la mente y ayuda a restablecer el organismo a un nivel superior de funcionamiento.

terapeuta: Rafael Martiz
profesor acreditado por la Asociación Española de Terapia Biodinámica Craneosacral